
Se lo voy a decir con toda honestidad: me encantó el capítulo uno de Verano de amor, la nueva telenovela de las 19:30 de El Canal de las Estrellas.
¿Por qué? Porque se me hace súper sencilla, como una comedia musical de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein (Carousel), pero al mismo tiempo muy fresa pero en retro, como una película de Pili y Mili (Como dos gotas de agua).
Uno la ve e inmediatamente se transporta a otro lugar, a otra época, y vive la fantasía. Porque Verano de amor es eso, una gran fantasía para reír, llorar, cantar y suspirar.
Por supuesto que Tlacotalpan no es ese destino turístico entre Acapulco años cincuenta, Venecia y sueño dorado de los ‘springbreakers’ donde las chavas andan sin sostén, los hombres se le pasan en el chupe y todos cantan juntos alrededor de una fogata.
Pero el ambiente en el que vivimos es de un catastrofismo tan grande y el planteamiento de esta telenovela, de una fuga tan apetitosa, que no hay manera de echarle el ojo y no sucumbir a sus encantos.
Yo, le confieso, llegué esperando otro formato superficial tipo Lola, érase una vez y fui el primero en sorprenderme con la afortunada combinación de tradicionalismo y frescura de este juguetote televisivo.
Y es que si usted andaba buscando los más tradicionales elementos de la telenovela latinoamericana como el amor, el dolor y la lucha de contrastes (buenos y malos, ricos y pobres, jóvenes y viejos), aquí los va a encontrar.
E, igual, si lo que usted quería ver era un formato más Rebelde, donde hubiera música, carne, moda, irreverencia, experimentación técnica y mensajes sociales, por supuesto que también lo va a tener.
Verano de amor es un producto que lo tiene todo y a mí me llama la atención que Pedro Damián (Clase 406) lo haya elegido para su realización en México, de entre todos los formatos de esa gran creadora argentina llamada Cris Morena (Chiquititas), porque sin ser el más nuevo de ellos (se inventó en 1998), es el más completo.
Aquí no hay de que si usted no es un chico de 19 años no le va a entender, de que si usted tenía miedo de sentarse a verlo en familia no lo va a poder hacer.
Verano de amor es tan incluyente como el recuerdo de Fuego en la sangre pero sin tanto truco cabaretero, sin tanto caos y sin tanta estridencia.
Por si usted no ha visto ni uno solo de los dos episodios que se han transmitido de esta telenovela, ¿de qué trata?
De lo que pasa con los sueños de un grupo de jóvenes de Tlacotalpan. Así de simple y así de complejo.
Unos sueñan con el amor, otros con la paz, uno más con ser cineasta, otro quiere ser músico e, incluso, hay quien no tiene definidos sus sueños.
El chiste es ver cómo le van a hacer estos chavos para llegar a sus objetivos y descubrir todo lo que pasa a su alrededor, ya que cada uno de ellos tiene sus historias personales y esas historias involucran a gente de otras edades y de otros niveles socioeconómicos.
El reparto está lleno de sorpresas, desde el relanzamiento estelar de Dulce María (Rebelde) y el retorno de Lola Merino (Cenizas y diamantes) hasta la contratación de Mark Tacher (Lo que es el amor), pasando por el reencuentro de enormes figurones como Juan Ferrara y Enrique Rocha, más un montón de rostros nuevos que vale la pena conocer.
Pero más que el reparto, lo primero que llama la atención de este proyecto son sus claras referencias a Rebelde, como la repetición de algunos rostros y la idea de haber abierto el capítulo uno con una especie de película vieja.
Y, después, la belleza de las locaciones. En el estado de Veracruz deben estar felices por lo bonito que se ve Tlacotalpan y por la megapromoción turística que va a recibir cuando el mundo descubra sus encantos.
Pero, paralelamente, los habitantes de Veracruz deben estar preocupadísimos.
¿Cómo le van a hacer para responder a la oferta turística que les va a caer a raíz de esta telenovela? ¿Dónde van a hospedar a tanto turista? ¿Dónde los van a atender?
Se lo voy a decir con toda honestidad: me encantó el capítulo uno de Verano de amor.
Lo menos que espero es otro cañonazo internacional que cambie la vida de varias estrellas, de millones de televidentes y la apacible atmósfera de ese paraíso veracruzano llamado Tlacotalpan. ¿A poco no?
1 comentario:
Es la primera vez que oigo a Alvaro Cueva diciendo algo bueno de CRIS y me dio MUCHO GUSTO
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